 Te sigo pensando con cariño. Estoy entre la espada y la pared en este sentimiento confuso y bello. Apareciste como rayo de luz en una noche de estrellas demasiado lejanas; ahora no sé si te comprendo cuando me resulta mposible ser transparente para mí mismo.
Te sigo pensando con cariño aunque a veces te confundo en otros ojos, es cierto, no soy como pensaba ni como alguna vez me imaginé. Te busco, te busco siempre, a cada paso avanzo en mi soledad cuando te encuentro..., y cuando te vas. Porque siempre te vas, desapareces, me marchas o te abandonas lejos de mí.
Todo está separado, falseado, tergiversado y oculto. Mas es necesario unir para
vivir, lo sabes igual que yo, es el amor la vida, la senda, el ser. Ser es distinto a todo lo que perciben mis pupilas acechantes y esquivas: es el desvelarse de la pureza que palpitante de agonía anida y se oculta en la materia. Tiene miedo porque sabe de su fragilidad, es anhelo inconsciente del animal humano, el tótem de cada época desde el principio de los tiempos. Unos quieren poseer su esencia, otros mancillarla; los que más, venderla. Yo sueño encontrarla para mirarme en ella y sentirme puro a mi vez,
vivificado.
Porque la vida se gasta, se pierde. No en el tiempo, no, se pierde del ser al corromper su esencia, al viciarla. No obstante intuyo que podemos recuperarla si nos obstinamos lo suficiente y pagamos el castigo de nuestro destino. Podemos volver a la vida que perdimos si hacemos que la pureza nos inunde, nos derrame impregnando nuestros sentidos. Es el amor, uestra dote más sagrada, el bálsamo legado o robado a los dioses - todos ellos -, lo que nos purifica. Nos da vida...
Y lo vi en ti, asomándose a tus ojos que tanto han visto y llorado. Ni me convienes, ni te convengo pero tras esta realidad palmaria está lo oculto. Lo sentí y tú también por eso no acertábamos a comprender qué estaba pasando cuando nos hablábamos y hablábamos sin parar hasta caer rendidos por el cansancio; nos debíamos tantos años de estar juntos que reconocimos la culpabilidad de nuestro mal. He tardado en arribar hasta tu puerto, lo reconozco y ruego que me perdones por no haber estado allí en todos y cada uno de aquellos momentos. Sé que es culpa mía de que fueran otros.
Creo saber reconocer en las almas lo que encierran, así lo estimo, puedo ver del amor su brillo y no me permito el consuelo de la mentira. Pero el caminar desgasta las fuerzas del corazón y necesité tanto tu aliento que tengo los ojos vacíos, mi luz se pierde en ausencias de aceras repletas de autómatas.
Llegas ahora, con tanto vivido que no aciertas a entender qué nos ocurre, ni puedes comprender este pellizco en las entrañas al mirarme. Qué será más distinto que expresar tu mundo paso a paso; entregarte con palabras.
Comprendo tu miedo, yo lo tengo. Es miedo a reconocer que el tiempo nos ha forjado tan distantes que puede que, aunque juntos, estemos siempre demasiado lejos.
Pues claro que hubiera sido más sencillo encontrarnos cuando apenas despertábamos al mundo; sentir y sufrir juntos. Mas si soy la piedra del camino (y mi mundo da fe de ello) sólo ha de tropezar en mí lo que viaja y tu vida fue eso, vagabunda de amores perdidos y encontrados, de la suerte de amores fracasados.
Si de mi corazón la muerte me susurra, que no hay vida si estamos separados, la razón me dicta con pie firme que fue nuestro tranvía el que ha pasado. Qué puedo yo decir que no dijera cuando tu olor suave acompañara la somnolencia dulce del cansancio. Qué puedo confesar que no se viera en mis ojos ametrallados de pasado. Tú sabes, tú lo sabes y te duele lo mismo que otras veces en que el amor fue tu confesor y tu aliado. Después de todo nos acostumbramos a pensar que el sentimiento es como el humo, frágil, sin cuerpo y en cada cuerpo hallado. Pero en el fondo considero que, aunque muerto, nuestro amor estará en el corazón años y años.
|